Antes de nada, felicitar a los premiados. Me refiero a todos los españoles que después de las últimas elecciones están como niños con Zapatitos nuevos. A pesar de estar expatriado y no poder haber ejercido mi derecho a voto, y lo que es peor, no poder comprar El Jueves, sigo la actualidad nacional. Bueno, no toda, que la prensa rosa es siempre lo mismo (me consta por cada vez que voy y combino momento cotilleo con momento siesta). Además, me está costando mucho enterarme del “corazón y famoseo” local que todos tienen nombre muy raros. Lo que tengo más fácil es seguir el fútbol, mayormente por trabajar en una fabrica donde el 95% de la gente es gento, que no genta.

También me enteré de que fue Semana Santa, y que es parte de la tradición viajar a un sitio chulo, preferentemente de otro país, generalmente a la playa o a esquiar. Debido a mi naturaleza indecisa, o no, y mi capacidad innata de no enterarme cuando tengo festivos, cuando quise organizar algo ya era tarde: fracase en mis planes de ir a Madrid, Santiago, Gales, Newcastle, Nottinghan o Cornwall, por diversos motivos logísticos. Así que “decidí” quedarme. Y ya puestos a quedarse, hacerlo por todo lo alto en plan alternativo.

La principal novedad llegó el viernes cuando fui a la autentica y original “Full Good Garden Fire Times Moon Music Party”. Siento no traducir esto, pero no tengo muy claro lo que fue: a grandes rasgos una convención de jipis tamborileros y fauna de calibre parecido, celebrando el buen rollito y las buenas privaciones que traía la luna llena. Indescriptible, eso hay que vivirlo; es el máximo exponente del no-criterio porqueyolovalgo alternativo que caracteriza Brighton (y que tanto me gusta).

El sábado un poco de turismo, para que no se diga. Los trenes aquí tampoco son demasiado convenciales: cambian de andén un minuto antes de llegar a la estación, a mitad de camino se dividen y van a distintos lados, se paran en una estación y no abren las puertas… Menos mal que iba con una amiga y entre ambos dimos llegado a Bournemouth. Ciudad costera muy bonita con su playa de arena, su muelle, sus parques inmensos, su nieve ocasional que ameniza la pateada… A mitad de camino de vuelta decidimos parar en otro pueblo, Southampton, donde caminamos menos y bebimos más (por esto de aparecer los primeros síntomas de congelación principalmente).

Incluso el domingo fue distinto, desarrollando la clase de capoeira no en el lugar de siempre (casa parroquial, muy adecuado para un domingo de Pascua), ni tan siquiera en el pub al que vamos siempre después. Fuimos a otro pub, cercano eso sí, a debatir el futuro del grupo en referente al gran evento capoeiristico del año: el encuentro internacional que este año se organiza aquí, en Brighton, viniendo gente de toda Europa y, como no, Brasil. Lo que viene siendo un marronazo (burocracia inglesa, esa gran amiga), pero que nos hace ilusión y esperemos que sea la bomba.

Y el resto del tiempo lo pasé de manera más reflexiva y meditativa, lo que viene siendo en casa y sin hacer nada. Bueno, nada nada, no. Ya empecé a organizar mi próxima escapadita a Spain, que será en mayo (aún no está claro a que parte del país ni cuando, sus mantendré informados). Además toca preparar la ya cercana visita a Hamburgo, aunque cuanto más intento entender ese extraño idioma que tienen, más me doy cuenta “que non che hai nada coma o da casa, inda que sexa falado coma os paifocos da telegaita”.

Confío en escribir antes de la Ascensión (de Pascua a Ascensión, cuarenta días son, para aquellos que no repasan habitualmente la Doctrina). A cuidarse mucho

Solete