De cómo el reloj marca las horas, o no
Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer. Y seguiría con la letra de la famosa canción, pero la versión que me sé sigue con tarariroriroriro, y la verdad, como que calidad literaria o musical… digamos que pierde. La cuestión es que el tiempo aquí parece que transcurre de otra manera, y no me refiero a la diferencia horaria.
Sin ir más lejos, el pasado lunes 23, aquí donde me veis/leéis celebré mis Bodas de Regaliz. No estoy seguro de si se llaman así, pero deberían. Digo yo que si el primer año de diabetes se conoce como Luna de Miel, los diez años deberían tener un nombre igual de “apropiado”. Tengo bastante tiempo antes de las próximas, pero serán algo asi como Bodas de Magdalena rellena de Mermelada o la más que esperada Boda de Tarta de Queso con Nata regada abundantemente con CremaGüiski.
Siguiendo con el tema temporal, sigo con total indiferencia y pasividad las cuestiones referentes a la famosa puntualidad inglesa. Respecto al tema policial, sólo tardaron dos días y medio en llamarme para hacer la declaración, pero lo que me molestó especialmente es que tenía que, en mi día libre y estando en casa preparado para cenar, atravesar la ciudad en el plazo de hora y media. Muy considerados y eficientes. Me aseguraron una actualización cada dos semanas, aunque para mi ya es un tema pasado. En lo de la burrocracia de la Universidad local hace mes y medio que dijeron que tendríamos (me considero parte afectada) una respuesta en dos semanas. Ahora que no sé a cuánto está el cambio de la semana universitaria inglesa a la semana estándar. Y después de esta semana de locos en el trabajo tengo muy claro que los ingleses tienen el concepto de puntualidad muy cercano al del gusto gastronómico o incluso al del criterio en el vestir.
Respecto al trabajo, no tengo muy claro de por qué pero me van a hacer una especie de prueba el lunes para ver si soy suficientemente bueno para ser maestro, que viene siendo el que enseña el negocio a la gente nueva. Después de trece meses trabajando, y la verdad es que no se me da mal, es una especie de reconocimiento que como todo en esta compañía, llega tarde. No creo que pase la prueba porque me van a pedir entusiasmo y saber vender bien la política de la compañía, a la que yo considero una banda de incompetentes y usureros. Pero me pagan el viaje a Londres y voy a tener más de medio día libre para pasear por la city. Fair enough (frase de auto-consuelo muy común por estas tierras).
Y bueno, ya hablando de pasear un poco, y considerando que me hace falta un descansillo de todo esto, la mejor opción es repetir un viaje que me abrió la mente hace algún tiempo. Así que en breve estaré tomando cervezas y salchichas por Bavaria adelante, dando volteretillas de las mías y paseando por la Selva Negra (que tengo entendido que es como el Bosque Negro pero mas tranquilo y seguro, vamos, más turístico). ¿Qué por qué Alemania? Dejémoslo en lo acertado del refrán de las carretas.
Ahora mismo sigo viajando en el tiempo viendo un programa de videos musicales para el baile (no especialmente por el derroche de coordinación o creatividad), y creo que los 80 nunca serán superados! Otra cosa que me recordó el pasado, aunque desafortunadamente no el mío sino de gente en películas, es el estar en casa tranquilamente y oír el camión de los helados y que se pare en frente de casa. Para ser honestos, recuerdo estar en el Quinteiro y que viniera la furgoneta de reparto, pero creo que era pescado, pan, o algo que sin discutir su valor dietético, en comparación con un helado no hay color (ni sabor, ni gula, ni vicio, ni ná de ná).
Y ya está bien de tanto divagar y pensar en el pasado que tengo que dedicarle más presente a mi futuro. Sobre todo considerando la velocidad británica, sin mencionar ya el de por sí fugaz mercado de la búsqueda laboral.
Se me cuiden.
Solete
