De cómo no respetar el secreto de confesión
- Ave María Purísima
- Sin pecado concebido
- ¿Hace cuanto tiempo que no te confiesas?
- Demasiado. La última vez fue el 20 de febrero.
- Muy mal, hijo, muy mal. Pero nunca es tarde para regresar al rebaño. A ver, cuéntame tus faltas a ver que podemos hacer con tu impía alma.
- Son demasiadas, Padre. Y me arrepiento de cada una de ellas.
- Que sí, hombre, que sí. Pero vete al grano que esto no es el confesionario de Gran Hermano.
- Disculpe, Padre, es parte de mi problema. Empiezo a tribular, y tribular, y me voy por los cerros de Úbeda. Yo creo que he visto demasiadas veces los clásicos del cine español con los grandes: Ozores, Pajares, Esteso…
- ¡Qué te centres!
- Vale. Empiezo con el trabajo. Fui seleccionado para representar a mi tienda en la competición de Barista of the Year que organiza la compañía. La primera fase era entre las tiendas del área. Pero había perdido la fe y la motivación. Llevaba una temporada que lo que menos me gustaba del trabajo era hacer cafeses, así que procuraba escaquearme.
- Muy mal, hijo, muy mal. La pereza es la madre de todos los vicios.
- Curioso, y yo que pensaba que era una virtud… En cualquier caso seguía trabajando duro, pero en otras cosas. Al caso, fui porque alguien tenia que ir, y no puedo decir si la cosa fue justa porque principalmente no presté la menos atención. Lo que puedo decir es que lo que no es justo es que el primero llevara una I-pod de premio y para el segundo y tercero sólo el reconocimiento popular (al resto ni eso). Si es que sólo me sacó 2 puntos sobre un total de 300! Y tengo muy claro que si tengo que elegir entre el respeto o un juguetito nuevo…
- No se si me gusta eso. La soberbia es mala, pero debemos estar más preocupados por lo espiritual que por lo material.
- Y yo lo estoy, no crea! Sin ir más lejos llevo una temporadita sin estar mucho tiempo en casa. Mis compañeros la están convirtiendo en un antro de perversión y vicio, con timbas de pócker, apuestas en Internet, consumo de todo tipo de substancias perjudiciales para el cuerpo y alma…
- Muy bien, veo que no es tan grave la cosa. Pero, si no estás en casa… ¿a que te dedicas?
- A viajar, gastronómicamente hablando. Por motivos que no vienen al caso, estuve en un par de fiestas brasileñas (feijoadas muto boas), francesas (el mundo del queso y sus posibilidades regadas siempre con un buen vino), alemanas (lo que no sepan de cervezas…), inglesas (el placer de su breakfast para el lunch), e incluso una internacional con 14 personas de nueve países diferentes (comida sólo de siete, pero muy bien)…
- No suena mal, la verdad. Pero me preocupa la razón que te lleva a esa espiral culinaria. Y conociéndote, seguro que es por una mujer.
- Para ser sincero, prefiero no contestar. Así que apúnteme un pecadillo más de mentir y digamos que es por motivos solidarios.
- Ah! Picarón! Que conste que las cosas no funcionan así, pero considerando que no es que venga mucha gente por aquí, haremos la vista gorda. Pero sólo esta vez.
- Lo agradezco. Pero volvamos a mis batallitas, digo, motivos de consternación espiritual. Así con la tontería, resulta que soy del núcleo duro del grupo de Capoeira, creo que más por mi constancia que por mi calidad. Y ello afectó a mi ego durante el cursillo con el Mestre Roberval, todo un fenómeno. La verdad es que fue todo un honor que me pidieran que tocara el berimbau en la roda, y aunque no estoy seguro si fue por escaqueo propio o por reconocimiento personal, me moló. Me molé. Es más, me molo.
- Eso no es tan grave, no te preocupes. Siendo alguien tan especial y molón como tú, a veces es normal ser un poco ególatra. Pero no te dejes engañar por el Maligno.
- Lo sé, Padre, pero el Caído es muy fuerte. Sin ir más lejos, el pasado domingo (para más inri) me fue imposible vencer la tentación de tomar un café, el primero en mes y medio. Todo hay que decir que era de comercio justo, y como parte del nuevo sistema de calentamiento de la clase de capoeira, pero me arrepiento.
- Bueno, un café no mata a nadie. Mientras no vuelvas a los ocho o diez diarios de antes, todo es una mejora. ¿Algo más que perturba tu alma?
- Yo diría que no. Estoy tratando de cultivar mi cuerpazo serrano con ejercicio y buena comida, y mi mente con el estudio de diversas lenguas (puede que demasiadas), asi que no tengo demasiado tiempo ocioso para pecar.
- ¿Y te arrepientes sinceramente de todo ello?
- Sí, me arrepiento, “realmente”.
- Muy bien, pues la sentencia es… ¡Perdón! Quería decir la penitencia es quedarte en Brighton indefinidamente pero con la intención de trabajar de algo más adecuado a tu formación, e intentar divulgar la sensatez y cristiandad entre esas gentes bárbaras. Y reflexión, hijo, mucha reflexión.
- Me parece correctísimo, Padre. Sé que debo de cambiar de vida, después de las últimas señales. En la última semana me dieron una patada en el pulgar de la mano derecha, me metí un costalazo brutal en la calle gracias a un bordillo traicionero y el trabajo me quema mucho: para ser exactos la mano derecha con la tostadora y la mano izquierda con la bandeja del horno. Yo creo que ya fue penitencia bastante.
- Vale, pero no hace que te inflingas daño alguno. La penitencia es para el alma, asi que espero que aparte de meditar tomes alguna acción. Y espero verte por aquí más a menudo.
- Se intentará.
- Yo te bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espirito Santo.
- Amén.

desde luego, ya estás quitándome el legado. Anda que te ha faltado mucho para arrebatarme el título de “comebordillos”!
Déjate de tanta confesión y disfruta de los pecados capitales, que para algo fueron inventados.
ET EGO TE ABSOLVO A PECCATIS TUIS IN
NOMINE PATRIS, ET FILII, + ET
SPIRITUS SANCTI….. Pecadorrrrrrrrrrr de la pradera…… ;-D